Clea. Navidad 2024 (comida familiar)

 


C quería hablar.

Decía que no se reconocía en la fotografía de su esplendor.

En ella preciosa.

Apunté, creo con certera opinión, que para ella esa imagen tenía muchos componentes que podía recordar.

Pensó para ella.

No habló de aquellas circunstancias.

Ahora tras quizás setenta y pocos años no tiene sosiego.

En febrero hará noventa.

Sola con sus recuerdos, ante parientes próximos que no la consuelan.

Dije una vez, acompañando a mi padre en sus últimos días, que el infierno está aquí.

Nadie queremos ser testimonio y testigos de la ruina de nuestras decisiones, impuestas por el que dirán. También por normas ocultas y leyes manifiestas.

Puedo recrear un personaje altivo y soberbio, enmascarando su débil fragilidad.

Sacó su rabia. 

No dejando traslucir la verdad.

Callamos todos.

La hija siguió en su diatriba.

Ella abandonó.

En un aparte, a mí me susurró.

Respondí.

El ego.

Así caemos.

Queremos poner nuestra patita.

¡No!

Su grito de guerra.

Carga un lastre que quiere olvidar.

Lo siente en sus carnes.

En su soledad.

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