Estampas

 3 de enero

Las estampas estuvieron presentes.

No me producen urticaria, ni me parecen elementos de mediación.

Dado que en mi infancia fueron lo más aproximado a la pintura, porque no había elementos tales en las paredes de la casa familiar, no puedo tener aversión, ya que el arte en sus diversas manifestaciones me hace vibrar en consonancia.

Viví en esa escuela católica apostólica y romana, transmitida entre cuadernos y misales.

Días atrás me dieron una estampita. Escuché a esa mujer.

Curiosamente, más pequeña que las recordaba.

La llevé conmigo y regalé a nuestra matriarca que tiene la casa llena de elementos que puedo reconocer.

En sus manos estaría mejor que en las mías.

Mis creencias y fantasías beben de una transmisión que nunca denigraría, aunque querría que cada cual tenga su credo y no pretenda imponerlo a los demás.

Las lápidas de los nichos de mis padres se custodian con esas imágenes. La de mi madre con el sagrado corazón de Jesús, al que tenía devoción. La de mi padre con una virgen doliente, la que recibiera a su hijo en el descenso de la cruz, porque pensamos que representaba a la madre que de niño adolescente perdió.

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